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viernes, 30 de septiembre de 2011

Ahora que explotan artefactos en Tuxpan, Veracruz…


Ilustración de Cintia Bolio


Para mis amigos en Tuxpan

Ahora que explotan artefactos en las calles de Tuxpan, Veracruz, la nostalgia también detona en mí su inextinguible resplandor mientras recuerdo la época en que transcurrió el final de mi infancia y el principio de mi adolescencia, aquellos días cuando sentí la necesidad de escribir el asombro que me produjo una tormenta marina: “Los truenos gritan su soledad/ y en un parpadeo se agrieta el cielo./ De vez en vez/ la playa se ilumina,/ el mar intenta levantarse/ entre manotazos de agua y espuma.”

Ahora que explotan artefactos en Tuxpan, el polvo parece cubrir, desde la memoria, aquel mundo en el que, sin temor alguno, iba de pesca con mis compañeros de escuela: “Ahora voy de pesca al río/ hermana/ sin más sedal que mi mirada/ ¿Mi caña?/ Es una flauta de carrizo/ Los peces danzan con música”, como dicen los versos del poeta tuxpeño José Luis Rivas, cuya obra es el mapa poético de una geografía tropical de antaño que hoy es un paisaje militar en donde los muchachos ya no celebran la vida junto al río.

Ahora que explotan artefactos en “el puerto de los bellos atardeceres”, intuyo que los lugares, como las personas, también tienen un pasado que no habrá de volver. Las calles y los parques que recorrí (con mi familia, con mis amigos o a solas) ahora se convierten en escombros diseñados por los ayuntamientos, nada honorables, que al “remodelar” la ciudad sólo “maquillan” las ruinas que van dejando en su ambición.

Ahora que explotan artefactos en las calles me pregunto de qué sirven los puentes si sólo transitan por ellos el abuso y el rumor, la desinformación y el desamparo, cuando antes fueron la alegría y la fraternidad las que daban vida a las horas veraniegas.

Ahora que explotan artefactos en muchas partes de México, presiento que el futuro no se plantea como una compleja fórmula del matemático tuxpeño José Adem sino como un huracán similar a los que antes han azotado las casas del puerto, con la diferencia de que este huracán se llama “crimen organizado” y se rige por una meteorología de la violencia y el miedo.

Ahora que explotan artefactos en Tuxpan me pregunto por qué, de pronto, un puerto está a la deriva, por qué cada ciudad se ha convertido en una isla, por qué México es un archipiélago en donde no distinguimos a piratas de aliados, por qué los faros han cambiado sus destellos por gritos de auxilio y confusión y, tristemente, evoco las palabras del poeta Manuel Maples Arce, quien en los años treinta representó a Tuxpan como diputado en el Congreso de la Unión: “La metralla/ hace saltar pedazos de silencio./ Las calles/ sonoras y desiertas,/ son ríos de sombra/ que van a dar al mar,/ y el cielo, deshilachado,/ es la nueva/ bandera/ que flamea/ sobre la ciudad.”

Ahora que explotan artefactos en las calles de Tuxpan, Veracruz…


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