martes, 17 de septiembre de 2013

¡SÁLVANOS TIMOTHY TREADWELL!

¡Sálvanos, Timothy Treadwell!

Para Armando González Torres

En 2005 se estrenó el documental Grizzly man, dirigido por Werner Herzog, que muestra la vida de Timothy Treadwell, ambientalista y documentalista que registró su convivencia con osos grizzly en el Parque Nacional Katmai, en Alaska, durante trece veranos continuos. Su objetivo era sencillo: proteger a los osos de los humanos. Sin embargo, él y su novia  murieron devorados por uno de los osos que protegió a lo largo de más de una década. Hay quien encuentra paradójica su muerte; yo lo veo de otra manera: vivió como oso y murió como uno de ellos (los osos suelen practicar el canibalismo cuando la comida escasea). Pero lejos de la polémica que su fallecimiento suscitó, lo que más llama la atención del comportamiento de Treadwell es el uso de las palabras para comunicarse con los osos: más allá del gruñido o el grito, Timothy “les hablaba” y los osos “entendían” (excepto en su trágico desenlace). Seguido también por zorros, Timothy no sólo hablaba con los animales; en un verano en el que las lluvias no habían sido lo suficientemente abundantes para enriquecer las aguas de los ríos, y proveer así de peces a los osos, en un estado de éxtasis, comenzó a invocar a los dioses de distintas culturas: “No creo en Dios pero, Cristo, Alá, esa cosa flotante hindú, ¡necesitamos la chingada lluvia para estos animales!”  Al día siguiente una gran tormenta comenzó a caer sobre la zona y el oso Treadwell agradeció: “Soy un humilde siervo del señor, soy un discípulo de Alá, soy el más ferviente seguidor de la cosa flotante. Se ha producido un verdadero milagro, está lloviendo…”

La misteriosa conexión que establecemos con un animal o con cualquier ser vivo (incluyendo las plantas) parece devolvernos la sensibilidad que en algún momento, entre la codicia, la indiferencia y la inconciencia, perdimos. En su poema “A un perro herido en la calle”, William Carlos Williams expresa: “Soy yo,/ no la pobre bestia tirada/ gimiendo de dolor/ que me regresa a mí de golpe/ como el estallido/ de una bomba, una bomba que /devasta al mundo./ No puedo más/ que cantarlo/ y eso alivia mi dolor. […] Recuerdo también/ un conejo muerto/ que yacía inofensivo/ en la mano abierta/ del cazador./ Mientras yo/ lo miraba/ sacó su cuchillo de caza/ y con una carcajada/ se lo enterró/ en los genitales./ Casi me desmayo.” Y esa terrible “carcajada” es la que, muchas veces, nos motiva para alejarnos de los hombres que, causando dolor y matando cuando no tienen hambre, rompen el equilibrio que a la naturaleza le ha costado miles de años.

Tanto en el caso de Timothy Treadwell como en del William Carlos Williams, la palabra, que muchos presumen como la gran diferencia entre el mundo animal y el humano, es el vehículo, la sustancia que resana lo que se rompió entre el origen y el hombre, un puente de regreso a aquellos días en los que el ser humano vivía en comunión con la naturaleza.
 
 
 
Para ver el video:
 
 
 

TRES POETAS EN LA JORNADA SEMANAL



Novedad en la tiniebla
Jair Cortés

Y hasta lo que es nuevo,
reciente para mí,
he olvidado.
Deshebrado mi pensamiento
quiere decirme que, a veces,
sin querer,
miento
y no hay albura, fulgor de papel aluminio,
que parpadee
ni amanecer asombroso que perdure.

Encorvado en mí
como a punto de nacer otra vez,
envejezco...

Me aviva la luz
y un silencio se hace vidrio
cuando algo me recuerda que hubo “alguna vez”.

Ahora esta duermevela
este (despacio) irse
o quedarse
en tinieblas:
un alma que, desde la claridad,
proyecta su propia sombra.

 
 
Poema del libro Historia solar,
ganador de los LV Juegos Florales Nacionales
de Ciudad del Carmen, Campeche, 2013.  

Tomado de:
http://www.jornada.unam.mx/2013/09/15/sem-poetas.html

lunes, 9 de septiembre de 2013

UNA ENTREVISTA:


QUEREMOS TANTO A KURT

 
 
 
Ilustraciòn de Omar Martínez Verde

sábado, 15 de junio de 2013

REVISTA PICNIC. ALQUIMISTAS.

"El iniciado". Un poema mío en la Revista Picnic. Alquimistas. Junio-Julio 2013.

lunes, 27 de mayo de 2013

PAZ, SYSTEM OF A DOWN Y CHARLES BAUDELAIRE

La soledad: poesía, música y video



En el video musical de la canción “Lonely day”, del grupo System of a Down, dirigido por Josh Melnick y Xander Charity, somos testigos de una soledad compartida por individuos que protagonizan, en cámara lenta, diversas escenas urbanas: mientras alguien espera el autobús, carga gasolina en su auto, o simplemente transita por la calle, algo, silenciosamente, se quema, ya sea el semáforo, el techo de la gasolinera,  una reja de metal, un carrito del supermercado, o la copa de un árbol. Aunque es evidente que comienza un incendio, nadie se percata de ello, hombres y mujeres parecen tan ensimismados, tan hundidos en su propia soledad, que ni las llamas ni el humo logran robar su atención. Hay, incluso, un velado homenaje a la portada del disco de Pink Floyd, Wish You Were Here (Ojalá estuvieras aquí) lanzado al mercado en 1975, en donde un hombre en llamas saluda a otro sin el menor gesto de asombro, teniendo como fondo una desolada calle custodiada por lo que parecen ser grandes bodegas o estudios cinematográficos. La letra de la canción “Lonely day” (“Día solitario”), nos comparte la confesión, en una hermosa y melancólica balada, de quien es consciente de su soledad:  “Es un día solitario/ y es mío/ el día más solitario de mi vida/ […] Es un día en el que no puedo estar”, pero que busca, desesperadamente, la compañía del otro, aun en la muerte:  “Y si te vas, quiero irme contigo/ Y si te mueres, quiero morir contigo.”

Palabras, imágenes y música se conjugan en un mismo acto, a semejanza de la escritura poética en donde la palabra es música e imagen: color y canto que me hacen recordar aquel verso del primer fragmento del poema “Conscriptos U.S.A.”, de Octavio Paz: “Sábado por la tarde, sin permiso./ La soledad se puebla y todo quema.” Una soledad que nos aísla y consume, en silencio o escandalosamente, sufriendo la hoguera de la existencia: la soledad vista como el infierno, quizás el mismo al que se refería Charles Baudelaire en su poema “Canto de otoño”: “En mi ser entrará por entero el invierno: cólera/ odio, escalofrío, horror, trabajo duro y forzado,/ y lo mismo que el sol en su infierno polar/ será mi corazón un bloque helado y rojo.”

No es una coincidencia que la soledad se asocie al fuego, ya que éste es el símbolo de la transmutación y la regeneración. Quien experimenta la soledad se incendia en sí mismo para conocer la materia de la que está hecho su ser que, una vez convertido en cenizas, resurge transfigurado y listo para entrar en comunión con el mundo, tal y como concluye “Lonely day”: “El día más solitario de mi vida/ […] Este es el día en que estoy contento por haber sobrevivido”, por transitar el inestable camino de la soledad, por pasar la “prueba de fuego”.
 
 
 
Publicado en La jornada semanal, suplemento cultural del diario mexicano La jornada. 26 de mayo de 2013.

jueves, 29 de noviembre de 2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

TALLER DE POESÍA ONLINE



Si estás interesado en escribir poesía y hacer una revisión crítica de tus poemas pide informes a
jair_cm@hotmail.com

domingo, 24 de junio de 2012

POEMAS QUE SON PLEGARIAS


Para mi Suky y mi Kaiser, estas palabras sin correa…

En mi época universitaria trabajé como mesero en un restaurante (propiedad de unos tíos, quienes me dieron casa y alimento los cinco años que duró la licenciatura en Literatura Hispanoamericana). En todo momento me sentí adoptado por la generosa familia Ordóñez Brasdefer, que me veía como a un hijo. Sin embargo, fueron tiempos difíciles porque mi madre trabajaba en el norte de México para poder financiar parte de mis estudios, y los de mis hermanos, a quienes extrañaba profundamente. También sentía nostalgia por los amigos de aquel puerto tropical donde había transcurrido parte de mi infancia y adolescencia. Me mantenía firme gracias a las cartas de mis seres queridos, es decir, gracias a las palabras que venían del corazón y la mente de aquellos a quienes yo amaba, y de los libros que iba encontrando en el camino o que amigos míos ponían frente a mí, para la nostalgia: Li Po; para comprender los excesos de la libertad: On the road, de Jack Kerouac; para la melancolía adolescente y la idea de resurrección: Oscura palabra, de José Carlos Becerra; para asuntos filiales y el infierno de la burocracia: Franz Kafka.

Creo que una de las lecciones más reveladoras acerca de la fuerza de la palabra poética fue cuando Manuel (amigo y compañero mesero) me mostró una hoja que guardaba en su cartera y que tenía escritos a mano los siguientes versos: “…soy otro cuando soy, los actos míos/ son más míos si son también de todos,/ para que pueda ser he de ser otro,/ salir de mí, buscarme entre los otros,/ los otros que no son si yo no existo,/ los otros que me dan plena existencia,/ no soy, no hay yo, siempre somos nosotros”. Le pregunté si sabía de quién eran esos versos. “No son versos, es una oración que rezo todos los días”, me respondió tajante. Supe que este fragmento de “Piedra de sol”, quizá uno de los poemas más famosos de Octavio Paz, había trascendido el territorio de la literatura para incrustarse en el de la vida espiritual de un hombre, borrando títulos y autores. Dejé las cosas como estaban; aunque yo supiera de quién se trataba, no era yo el “maestro” si no la poesía que me enseñaba lo que era sobrevivir día a día.

Ahora, con más lecturas en mi vida, tengo un conocimiento mayor acerca de obras, autores y corrientes literarias, pero sigo pensando en muchos poemas como plegarias personales, conjuntos de palabras que, al estar unidas, generan energía más allá de la razón y el entendimiento, como aquellos versos de un poema de Leonard Cohen, contenidos en su maravilloso libro La energía de los esclavos, que recuerdo siempre y son mi fortaleza y fe en días aciagos (como estos días en que escribo estas líneas): “Yo no me maté cuando las cosas me fueron mal/ no me dediqué ni a las drogas ni a la enseñanza./ Intenté dormir, pero cuando me di cuenta que no podía dormir/ aprendí a escribir./ Aprendí a escribir/ cosas que pudieran ser leídas/ en noches como ésta/ por gente como yo.”


Tomado de mi columna, Bitácora Bifronte, en La jornada semanal (24 de junio de 2012)

sábado, 2 de junio de 2012

Rainer María Rilke: cartas al tiempo (Mi columna en La jornada semanal)



La obra poética de Rainer María Rilke no se circunscribe, como podría pensarse, a sus poemas. Su obra escrita en prosa, como Los cuadernos de Malte Laurids Brigge y el conjunto de textos epistolares, conocido como Cartas a un joven poeta, demuestran una sensibilidad poética que rebasa los géneros literarios. Las Cartas a un joven poeta son el resultado de una estrecha correspondencia entre Rilke y Franz Xaver Kappus, a quien le debemos, en palabras de Vicente Quirarte, “haber tenido el valor para dirigirse al maestro, haber conservado sus cartas y publicarlas veinte años después de la muerte de su autor”. Esa inocencia con la que Kappus habría de acercarse al consagrado poeta es lo que, quizá, enterneciera a Rilke, quien en una serie de cartas respondió no sólo a las preguntas de su interlocutor sino a los cuestionamientos que él mismo se formulaba. En sus cartas, Rilke no se limita a proponer una preceptiva literaria o poética, habla desde lo íntimo y sus ideas acerca de la poesía emergen de una manera confesional y total.

     Hay que acotar que al publicar las cartas de Rilke, Kappus decidió omitir las propias con la idea ferviente de que sólo el poeta debería hablar, mostrando una verdadera lección de humildad: “Lo único importante son las diez cartas que siguen. Importante para saber del mundo en que vivió y creó Rainer María Rilke. Importante también para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y mañana. Y ahí donde habla uno que es grande y único, deben callarse los pequeños.”

     En la primera carta, fechada en París, el 17 de febrero de 1903, Rilke insta al joven Kappus a que indague en sí mismo en lugar de preguntar si sus versos son “buenos”: “Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí […] Ahora bien (ya que me permite aconsejarlo), le suplico renuncie a todo eso. Su mirada está dirigida hacia afuera; sobre todo, es lo que debe evitar en lo sucesivo. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. No hay más que un solo camino. Entre en usted. Busque la necesidad que lo obliga a escribir, examine si sus raíces penetran hasta lo más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir.” Rilke plantea un problema esencial respecto al arte de la poesía: la diferencia abismal entre el oficio de poeta y la simple escritura de poemas. El oficio de poeta implica la asunción absoluta, el reconocimiento y autodescubrimiento del propio ser, mientras que la escritura es un acto circunstancial, un hecho derivado de un primer movimiento que es el saberse poeta. Rilke marca el punto de inicio de una poética propia de la que nacen sus aspiraciones no sólo artísticas sino vitales: la introspección, el camino de la soledad para poder comprender, de una manera mucho más profunda, el misterio de la vida, tal como lo dictan los siguientes versos de sus Sonetos a Orfeo: “Eres, amigo mío, solitario, porque…/ Paulatinamente nosotros nos apropiamos del mundo/ con gestos de la mano y con palabras,/ tal vez su más endeble y peligrosa parte.”