LE DICEN MANCHA. YO LE DIGO CONTINENTE:
viernes, 31 de julio de 2015
jueves, 23 de julio de 2015
jueves, 2 de julio de 2015
Notas para una posible traducción de un poema de Ernest Hemingway
La traducción literaria siempre ha sido una actividad polémica porque no ofrece una respuesta definitiva a la pregunta: “¿se puede traducir un texto literario?” Ezra Pound decía que de las tres cualidades de un poema, la melopea (su carácter musical) es imposible de traducir o trasladar de una lengua a otra. La fanopea (“proyección de imágenes sobre la imaginación visual”) puede ser traducida “casi, o completamente, intacta”, y cuando es lo bastante sólida ni siquiera el traductor puede destruirla. La logopea: “no se puede traducir; aunque la actitud mental que expresa puede pasar de un idioma a otro mediante la paráfrasis”. Esta breve, pero esclarecedora lección, hace más sencillo comprender qué regiones de la poesía podemos traducir; sin embargo, hay casos en los que el traductor se encuentra frente a un verdadero desafío, como en “[Blank verse]” de Ernest Hemingway.
Poema de juventud, “[Blank verse]” fue publicado en 1916 y juega con el término “verso blanco” (aquel que conserva una métrica regular y que prescinde de la rima, en la poesía escrita en inglés casi siempre es un pentámetro yámbico). Aunque estamos frente a una boutade, no me parece ocioso intentar una traducción, ya que el texto no sólo es una rareza en la producción poética de Hemingway (quien publicó más de ochenta poemas), sino que irrumpe como una obra vanguardista, fiel a una voluntad de ruptura y provocación. El poema es un conjunto de ausencias contenidas por signos de puntuación en donde, curiosamente, no hay punto final:
[Blank verse]
“ “
! : , .
, , , .
, ; !
,
Una posible traducción al español, “[Verso blanco]”, dejaría intacto al poema, agregando, por medio de una actitud casi adivinatoria, los signos de admiración que se utilizan en nuestro idioma al inicio de cada exclamación. Siguiendo los principios planteados por Pound, la traducción de “[Blank verse]” implicaría trasladar el silencio (y su exaltación) de una lengua a otra (melopea), la imagen de ausencia y vacío (fanopea), y el ánimo transgresor (logopea) contra una forma poética tradicional usada por poetas como Milton, Shakespeare, o Donne, entre muchos otros.
En este peculiar poema (probable trampa para los críticos e interminable juego de especulaciones para los lectores), Hemingway hace que las palabras desaparezcan y “blanquea” la página, suprime la musicalidad y hace evidentes los signos de puntuación: vestigios de un poema que no se puede leer pero que, en un esfuerzo exegético, sí se puede comprender.
Tomado de Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal del diario La jornada.
sábado, 30 de mayo de 2015
Banana Yoshimoto y dos canciones de Los Beatles
En su magnífica primera novela, Kitchen, la escritora japonesa Banana Yoshimoto (Tokio, 1964) redacta una dedicatoria a manera de epílogo en donde expresa lo siguiente: “Hace tiempo que escribo porque hay una cosa, solamente una, que quiero decir. Me gustaría seguir escribiendo, sea como sea, hasta que me canse de repetirla. Este libro es el principio de esa historia obstinada”. Un lector atento a la obra de la joven y célebre Yoshimoto podrá identificar que esa “cosa”, ese tema de amplio espectro, es la vida más allá de la muerte que se manifiesta en esta orilla del tiempo. La declaración de Yoshimoto me recuerda que la obra de un verdadero artista casi siempre está signada por un puñado de preocupaciones temáticas que se expresan en diferentes niveles estéticos a lo largo de una vida.
La dedicatoria me remite a un par de canciones de Los Beatles: “There’s a Place” (“Hay un lugar”) y “The Inner Ligtht” (“La luz interior”). La primera fue compuesta por John Lennon y Paul McCartney en 1963, y la segunda por George Harrison en 1968. Si atendemos a la letra de cada una nos damos cuenta que estamos frente al mismo fenómeno al que alude Yoshimoto: una obsesión temática que, en el caso de Los Beatles, corresponde al llamado “viaje interior”. En “Hay un lugar” podemos escuchar: “Hay un lugar,/ al que puedo ir/ cuando estoy deprimido/ cuando estoy triste;/ y es mi mente/ y ahí no hay tiempo/ cuando estoy solo.” Casi cinco años después y con una clara evolución formal y espiritual, en “La luz interior”, cuya estructura sonora hace evidente el crecimiento musical de los genios de Liverpool (en donde se incluyen cítaras e instrumentos orientales), leemos: “Sin salir fuera de mi puerta/ puedo conocer todas las cosas de la tierra./ Sin mirar afuera de mi ventana/ podría conocer los caminos del cielo.” Aunque la primera canción invita a la introspección para ponerse a salvo del mundo y del desamor (“Pienso en ti/ y las cosas que haces/ dan vueltas alrededor de mi cabeza,/ las cosas que dijiste/ como ‘te amo’); la segunda, “La luz interior”, ofrece una visión mucho más amplia y llena de certeza, la iluminación a la que se llega una vez que se descubre el poder de la mente: “Llega sin viajar/ mira todo sin mirar/ hazlo todo sin hacer.” El hallazgo fue el mismo pero los caminos distintos; los diferentes “viajes” que Los Beatles realizaron a través de las drogas o la meditación trascendental confluyeron en el mismo punto: un retorno al ser, el individuo que busca en sí mismo lo que afuera, muchas veces, no encuentra.
El arte, expresado en cada obra que ve la luz en este mundo, es una forma de repetir ese movimiento interno una y otra vez, ya sea desde la escritura, la música, la danza o la pintura y que nos hace vislumbrar aquello que no podíamos ver antes de iniciar nuestro camino.
Tomado de mi columna BITÁCORA BIFRONTE, en La jornada semanal del diario La jornada.
martes, 5 de mayo de 2015
viernes, 23 de enero de 2015
Indio borrado, de Luis Felipe Lomelí: una épica moderna
La violencia no es
algo nuevo en nuestra historia, ni como asunto social ni como tema
literario. Sus orígenes no parecen hallarse en una desviación moral o
ética de las sociedades, provienen de otra fuente más antigua: la
sobrevivencia. Indio borrado (Tusquets, 2014), del escritor
mexicano Luis Felipe Lomelí, aborda, magistralmente, el tema desde
varios ángulos a partir de una geografía específica: la ciudad de
Monterrey, Nuevo León. La novela, en la que el Güero, un personaje
adolescente (casi un niño) encuentra, forzado por las circunstancias en
las que vive, la madurez (cruel y terrible) a través de un rito de
iniciación cuyos cimientos son los de la violencia desmesurada de un
México que ya no se reconoce en paz ni siquiera en la imaginación
artística: “El Güero no podría decir a qué huele su padre pero sabe que
es el olor de su padre. El único. Y siente como si le dieran con un
tubo en la base de la nuca y le fueran apretando los brazos con
alambre, cada vez más fuerte, haciéndole saltar las venas, hundiéndose
en la piel quemada por el sol luego de dos semanas de jale en la obra
para recibir el primer sueldo de su vida. A los trece años.”
Lomelí, en Indio borrado, describe las
acciones de un personaje entrañable, bien definido, narra una historia
en la que la tensión se acumula a cada momento, ofreciendo a sus
lectores una obra que (apuesto por su permanencia) será imprescindible
en la reciente literatura hispanoamericana. Los registros literarios
que alcanza Luis Felipe Lomelí se nutren de una conciencia que le
permite extraer del lenguaje coloquial propiedades altamente poéticas,
encontrar la musicalidad que se canta en el barrio, entre la banda, en
medio de la balacera, en la interpretación de los códigos de guerra
asumidos por los “nuevos ejércitos”. Esta es una novela que se lee con
fluidez, que corre como la sangre de una herida: roja, violenta,
sagrada, como el mismo amor adolescente: “Respingas. Sientes un
carnaval de insectos haciendo su desfile por tu cuerpo, por las
arterias los carros alegóricos y el bailódromo justo en el pecho. Te
sudan las manos. Y te pones colorado.”
En Indio borrado, el Tiempo, ese asesino
de la Historia, que borra con una mano lo que construye con la otra,
se presenta de muchas maneras: el ancestral pasado que es habitado por
los muertos que vigilan (desde su mundo) a los vivos, el presente
desbocado que reta a la muerte a cada instante, y el futuro como una
nube gris, en donde la esperanza apenas se atisba: “Matar –le dicen
sus fantasmas–. Matamos al oso y al venado, a la serpiente, matamos
para proteger a nuestros hijos y darles su alimento, matamos para no
caer de hambre. Matamos de cerca, con el puño limpio, con el mazo y con
la lanza. Matar.”
Luis Felipe Lomelí ha logrado, con Indio borrado,
un acercamiento brutal a la médula de una sociedad que trata de
adaptarse para no morir, una épica moderna que reconoce sus orígenes y
que da muestra de las virtudes de un prodigioso escritor.
Tomado de Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal
jueves, 30 de octubre de 2014
CARTA POR AYOTZINAPA
AYOTZINAPA 43. CARTA DESDE MÉXICO
5 de noviembre de
2014
Compañeros del mundo:
No hay disfraz que oculte lo que pasa en México: el 26 de
septiembre de este fatídico 2014 se cometió un crimen de Estado contra los
estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, en Ayotzinapa, Guerrero,
México. Ha transcurrido más de un mes de los sucesos y las autoridades no han
esclarecido los hechos ni han ofrecido al pueblo de México una explicación que
nos haga comprender cómo la policía municipal, el Gobierno estatal y el
Ejército estuvieron implicados en el asesinato de varios jóvenes y la desaparición
de 43 estudiantes que, hasta el día de hoy, no han aparecido. La bruma que se
alza sobre México proviene de nuestros gobernantes y sus cómplices, el panorama
en nuestro país es un río revuelto en donde las instituciones y los que las
dirigen buscan una salida inverosímil y llena de contradicciones a este crimen.
En México, la política, en complicidad con el crimen
organizado, ha despedazado a nuestro país con el arma más letal: el miedo. Sus
leyes nos han obligado a vivir como prisioneros. El día de hoy nos faltan los
43 jóvenes de Ayotzinapa, pero también nos faltan los miles y miles de
mexicanos y los que tuvieron la mala fortuna de cruzar por el país y que están
desaparecidos en el inmenso territorio nacional. Nos faltan ellos y también nos
faltan la confianza y el respeto a los derechos humanos.
Hoy, el gobierno, los partidos políticos, la policía y el
ejército no nos protegen ni nos representan; sólo buscan silenciar las voces
que piden justicia y recuperar lo perdido: la inocencia de un país que antes se
soñó un paraíso. Los niños de México, que serán aquellos que gobiernen este
país dentro de algunas décadas, crecen en medio de violaciones, robos,
asesinatos, tortura, corrupción y abuso de autoridad, ¿les daremos desempleo y
desapariciones en lugar de educación y salud?
Cada uno de nosotros puede cambiar su entorno: enseña a leer
al que no sabe, devuélvele su derecho a informarse, su derecho a elegir. El
Sistema en el que México está empantanado gana cuando los de abajo pelean
contra los de abajo; gana cuando los de arriba, los que viven gracias a
nuestros impuestos, dan la cara en la televisión o por internet diciendo
palabras huecas, mientras el México que habitamos tiene por rostro una calavera
ensangrentada, como la del joven que fue masacrado por aquellos que debieron
darnos seguridad y protección.
El boicot a las grandes empresas es una forma de
resistencia, la historia ha demostrado que el dinero es el talón de Aquiles de
la clase política y de las grandes corporaciones que dictan la agenda nacional,
incluyendo a muchos medios de comunicación. No sigamos su juego, busquemos
formas de vida alternativas que se reflejen en un cambio más duradero, en los
pocos metros cuadrados que podemos transformar, ayudando, ayudándonos.
No queremos tu firma en esta carta, porque en nuestro Estado
fallido resulta estéril realizar cualquier acción para organizarnos y reclamar
nuestros derechos. Ahora queremos tu ejemplo, tus acciones y tu conciencia.
Ayúdanos a informar, no nos des la espalda ahora que más te necesitamos.
Por eso, mis compañeros poetas y yo, desde nuestro sitio,
hemos construido un poema con pedazos de otros poemas, con retazos de
indignación y de dolor que siguen vivos en el tiempo milenario de nuestra
sangre, porque pensamos que la Poesía es capaz de volver a unir, con el hilo
invisible del espíritu humano, lo que los asesinos desmembraron.
Escribir es abrir los ojos para que otros despierten. Lo que
la historia olvida, la Poesía lo recupera y resucita, hace que la luz vuelva a
iluminar las sombras. El silencio ya no es una opción. Tenemos las palabras y
son muy claras:
¡Ya basta! ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!
Jair Cortés
Berenice Huerta
Méraly Reyes Tovar
Alan Sting
Eréndira Nohemí Ramos Vázquez
AYOTZINAPA 43: UNA ÍNTIMA TRISTEZA REACCIONARIA
Bring down the government
They don’t, they don’t speak for us.
Thom Yorke
Hablar es un esfuerzo demasiado grande
cuando se tiene un nudo en la garganta
y los ojos arrasados en lágrimas.
Yo no debería llorar ahora: lo que quiero
decir necesita una voz clara y potente,
una voz metálica, sonora, una voz
que no se deje quebrar por la emoción: que no tiemble.
Pero ha muerto un niño, y siento como si alguien
estuviera arrancándome el corazón por la espalda.
Ustedes dirán que es pura necedad la mía,
que es un desatino lamentarse de la suerte,
y cuantimás de esta tierra pasmada
donde nos olvidó el destino.
La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre.
Y aunque digan que el hambre
repartida entre muchos
toca a menos,
lo único cierto es que todos
aquí estamos a medio morir
y no tenemos ni siquiera
dónde caernos muertos.
Aquí todos se han muerto con una modestia conmovedora.
Pero hoy estamos aquí escuchando el murmullo de la mar que
es el morir.
Pero ante las traiciones
y este opio de los años que todo lo esfuma,
me afianzan a la luz de cada madrugada
las sombras de las voces fieles
que resbalan, silentes a mi alrededor.
Todo está lejos, no hay regreso, los muertos no
están muertos, los vivos no están vivos.
Y mis muertos,
tus muertos,
nuestros muertos aún en vida,
duermen,
alguno ya despertó…
Levanta un dedo el sol
y el mundo se arrodilla
para recibir la condena.
Comienza el otoño y tres días más tarde
a deshojarse el árbol de una nación caduca.
La frondosidad verde de su bandera negra
encubría las aves carroñeras
que llevaban vidas alimentándose de las muertes.
Ha llegado al final de su ciclo la vegetación.
43 hojas se desprendieron amarronadas
y no han tocado el piso.
La fusilería grabó en la cal
de todas las paredes
de la aldea espectral,
negros y aciagos mapas,
porque en ellos leyese el hijo pródigo
al volver a su umbral
en un anochecer de maleficio,
a la luz de petróleo de una mecha
su esperanza deshecha.
Y en la imposibilidad de sentir al otro:
tome una mano envuelta en sangre
y en el rumor de las balas
que robaron el sin fin de promesas del futuro.
Y contra la melancolía, la confianza; contra
la desesperación,
la voz del pueblo
vibrando en las ventanas de esta casa secreta.
Descubrir,
descifrar,
articular,
poner en marcha:
viejos oficios de los libertadores y los mártires
que ahora son nuestras obligaciones
y que andan por allí contándonos los pasos.
No soy nadie y soy el Pueblo.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad.
LOS 43 ESTUDIANTES:
- Abel García Hernández
- Abelardo Vázquez Peniten
- Adán Abrajan de la Cruz
- Alexander Mora Venancio
- Antonio Santana Maestro
- Benjamín Ascencio Bautista
- Bernardo Flores Alcaraz
- Carlos Iván Ramírez Villarreal
- Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
- César Manuel González Hernández
- Christian Alfonso Rodríguez Telumbre
- Christian Tomas Colon Garnica
- Cutberto Ortiz Ramos
- Dorian González Parral
- Emiliano Alen Gaspar de la Cruz.
- Everardo Rodríguez Bello
- Felipe Arnulfo Rosas
- Giovanni Galindes Guerrero
- Israel Caballero Sánchez
- Israel Jacinto Lugardo
- Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa
- Jonas Trujillo González
- Jorge Álvarez Nava
- Jorge Aníbal Cruz Mendoza
- Jorge Antonio Tizapa Legideño
- Jorge Luis González Parral
- José Ángel Campos Cantor
- José Ángel Navarrete González
-José Eduardo Bartolo Tlatempa
-José Luis Luna Torres
-Jhosivani Guerrero de la Cruz
-Julio César López Patolzin
-Leonel Castro Abarca
-Luis Ángel Abarca Carrillo
-Luis Ángel Francisco Arzola
-Magdaleno Rubén Lauro Villegas
-Marcial Pablo Baranda
-Marco Antonio Gómez Molina
-Martín Getsemany Sánchez García
-Mauricio Ortega Valerio
-Miguel Ángel Hernández Martínez
-Miguel Ángel Mendoza Zacarías
- Saúl Bruno García
AYOTZINAPA 43: UNA ÍNTIMA TRISTEZA REACCIONARIA
REFERENCIAS
Una íntima tristeza reaccionaria. Ramón López Velarde.
Hablar es un esfuerzo demasiado grande. Miguel Guardia.
Ustedes dirán que es pura necedad la mía. Jua Rulfo.
Aquí todos se han muerto… José Watanabe.
Pero hoy estamos aquí escuchando… José Watanabe.
Pero ante las traiciones… Txema Martínez.
Todo está lejos, no hay regreso… Octavio Paz.
Y mis muertos… Jair Cortés
Comienza el otoño y tres días más tarde… Méraly Reyes Tovar.
La fusilería grabó en la cal… Ramón López Velarde.
Y en la imposibilidad de sentir al otro. Alan Sting.
Y contra la melancolía, la confianza… Roque Dalton.
No soy nadie y soy el Pueblo. Juan Bañuelos.
Yo doy todos mis versos por un hombre. Blas de Otero.
viernes, 5 de septiembre de 2014
ROXANA ELVRIDGE-THOMAS EN EL CICLO MAESTROS ESCRITORES DEL INBA
La poeta Roxana Elvridge-Thomas en el ciclo “Maestros escritores”
Este martes 9 de septiembre a las 7 pm charlaré con la excelente poeta Roxana Elvridge-thomas, dentro del ciclo Maestros escritores. La cita es en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, sito en Nuevo Léon # 91, esquina con Montes de Oca, colonia Condesa
- Autora de obras como El segundo laberinto, La fontana, Imágenes para una anunciación y Fuego
- “Elvridge-Thomas es una de las voces más importantes en la poesía que se escribe en nuestro tiempo y en nuestra lengua”, Jair Cortés
- Martes 9 de septiembre, a las 19:00 horas, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia
La obra de la poeta mexicana Roxana Elvridge-Thomas será el tema a discutir en una nueva sesión del ciclo “Maestros escritores”, en el que el escritor Jair Cortés sostendrá una charla con la autora de El segundo laberinto (1991). Esta actividad tendrá lugar el martes 9 de septiembre, a las 19:00 horas, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, ubicado en la avenida Nuevo León 91, colonia Hipódromo Condesa, Ciudad de México.
“La poesía de Roxana Elvridge-Thomas es una muestra clara de los vasos comunicantes que ha cultivado: el diálogo con su propia tradición y la revelación poética que, por medio de la palabra, descubre un mundo que estaba oculto antes de su obra”, comentó el poeta y ensayista mexicano Jair Cortés en entrevista con la Coordinación Nacional de Literatura.
Para Cortés, la musicalidad de la lengua española, el dar sentido a la experiencia vital y mística, y la rigurosa forma poética, son producto de la disciplina y el talento de Roxana Elvridge-Thomas, a quien consideró una de las poetas más importantes de la nueva poesía hispanoamericana. “Sus libros, comoLa fontana (1995),Imágenes para una anunciación(2000) yFuego (2003), son ejemplos claros de la conciencia de tradición que habita en la creación de esta poeta”, expresó el escritor tlaxcalteca.
“Roxana Elvridge-Thomas (Ciudad de México, 1964) suma a la creación literaria su labor como docente y coordinadora de cursos y talleres de poesía en donde ha sabido ofrecer la luz de sus conocimientos a una gran cantidad de poetas. Elvridge-Thomas es una de las voces más importantes en la poesía que se escribe en nuestro tiempo y en nuestra lengua. Para mí, poeta y estudioso de la literatura hispanoamericana, es un punto referencia y una influencia definitiva en mi escritura”, aseguró Jair Cortés.
Respecto al ciclo “Maestros escritores”, Jair Cortés considero que establecer un diálogo con los creadores es fundamental porque así se puede apreciar la forma en que desarrollan y construyen sus obras, así como el contexto en el que surge la fuente conceptual que alimenta a cada autor.
“Sólo en el diálogo somos capaces de saber quiénes somos, por eso es imprescindible que asistamos a una charla con la poeta Roxana Elvridge-Thomas, cuyas enseñanzas también están en su palabra hablada, en su charla amena y en la admirable disposición para compartir su vocación de artista con los demás”, concluyó.
viernes, 8 de agosto de 2014
HAY UN TIEMPO PARA TODO
En el poema Los trabajos y los
días, atribuido a Hesíodo, su autor aborda, en una de sus partes más
significativas, el Calendario del labrador, dividiéndolo en “Trabajos
de otoño, invierno, primavera y verano”, dictando consejos puntuales para cada
estación. Por ejemplo, en Trabajos de verano dice: “Cuando el cardo
florece y la cantora cigarra, posada en el árbol, derrama sin cesar por debajo
de las alas su agudo canto, en la estación del agotador verano, entonces son más
ricas las cabras y mejor el vino, más sensuales las mujeres y los hombres más
débiles […]”. Además de la nutrida carga poética implícita en el poema de
Hesíodo, entendemos la importancia de los ciclos de la naturaleza y su
influencia en el hombre y su diario vivir.
Hay otros dos textos clásicos (y sagrados) cuyos contenidos
atraen mi atención por sus asombrosas coincidencias: el Eclesiastés y el Tao
Te Ching. El primero (adjudicado a Salomón) es un libro que representa a
Occidente y su búsqueda de sentido que culmina en una visión melancólica de la
vida; el segundo pertenece a Lao Tsé (o Lao Tzu) y encarna la visión
conciliadora de Oriente: los opuestos se complementan. En algunos versículos del
Eclesiastés encontramos que: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del cielo tiene su hora:/ Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de
plantar y tiempo de arrancar lo plantado;/ tiempo de matar y tiempo de curar;
tiempo de destruir y tiempo de edificar;/ tiempo de llorar y tiempo de reír;/
tiempo de lamentar y tiempo de bailar;/ […] tiempo de callar y tiempo de
hablar;/ tiempo de amar y tiempo de aborrecer;/ tiempo de guerra y tiempo de
paz.” Mientras que en el Tao Te Ching leemos que: “Hay un tiempo para
estar delante/ y un tiempo para estar detrás./ Un tiempo para estar en
movimiento/ y un tiempo para estar en descanso./ Un tiempo para estar vigoroso/
y un tiempo para estar exhausto./ Un tiempo para estar a salvo/ y un tiempo para
estar en peligro.”
Después de leer lo anterior, irremediablemente nos preguntamos
por los ciclos que rigen nuestra vida “moderna” y caemos en la cuenta de que
este es el tiempo del vértigo, de la inmediatez, de la prisa que cosecha cuando
“no es tiempo todavía”. Nuestro mundo se convierte, poco a poco, en un espacio
de saturación, de sobreexposición de la vida privada que se desdobla en una
exhibición mediática, en donde se intercambian e imponen visiones que no han
madurado y son producto de la desesperación por expresar opiniones que no han
pasado por el tamiz de la reflexión y que forman parte, al mismo tiempo, de
canales de manipulación masiva. En este río revuelto de información es que las
nuevas generaciones están fundando su mentalidad como quien construye una casa
sobre arenas movedizas.
Si hay un tiempo para todo, creo que ya es tiempo de dejar a un
lado la obsesión por estar en todas partes y volver a entrar en nosotros mismos.
Tomado de BITÁCORA BIFRONTE, mi columna en La jornada semanal.
martes, 22 de julio de 2014
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