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lunes, 12 de octubre de 2009

LA ÚLTIMA CENA (mi versión)


Con el rojo vino de la tarde brindamos y comimos el ementhal entre risas y abrazos.
Un techo alto: grandes ventanas dejaban ver el cóncavo azul del mar/cielo.
Una vez que la cena estuvo lista, nos sentamos: reluciente vajilla (más de tres cubiertos siempre me han puesto nervioso, Señor).
Éramos trece sin contar a la servidumbre. Vegetales al vapor, un aderezo a base de vinagre y pimiento estilo California, cordero al centro del plato (alquimia en la cocina, sacrificio y elogio para los comensales de ese día).
Yo miraba extensas planicies en tus ojos, parvada de luz alzando el vuelo, cuando, después del tintineo, ofreciste en voz ALTA tu casa como quien ofrece su muerte. Te imaginé subiendo la escala metálica por donde ascienden los que se marchan sin aviso.
Después, entrar en confianza, la garza del brazo derecho sosteniendo la copa.
Se fueron yendo, una por una, las horas,
(el Traidor era el tiempo).
Supe que no volvería a ti nunca más. Trinitaria soledad la mía: sin ti, sin mí, sin nosotros dos.
Llegué hasta el balcón y descubrí que el mar cantábrico para mí: un dos tres, me decían las olas, un dos tres, dijo Cristo,
¡SALVACIÓN! para todos mis amigosy para mí también.


Imagen: Marcos Gutiérrez

1 comentario:

Anónimo dijo...

HOla Jair:

felicidades por este poema, lo escuché cuando lo leíste en un encuentro aquí en la ciudad de México, y es hasta ahora que lo puedo leer.

¿cuándo presentas algo por acá?

pedro escamilla