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martes, 5 de julio de 2016

TELONERO DE ÓSCAR COYOLI EN FESTIVAL INFINITO


Durante el Festival INFINITO en Huerto Roma Verde en la Ciudad de México, leí el poema "Libelus de Medicinalibus" como telonero del maravilloso Óscar Coyoli.

martes, 14 de junio de 2016

LA BIENAVENTURANZAS, UN VERSÍCULO DESCONOCIDO



Bienaventurados[a] los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.
Bienaventurados los humildes[b], pues ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. 
12 Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.
12 Soy Jesús de Nazaret, y si están leyendo esto, ustedes son la Resistencia.

(Mateo 5: 3, 13)

martes, 17 de mayo de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO HISTORIA SOLAR, EN TIJUANA



CABALLOS NEGROS





Caballos, caballos negros en el techo de mi casa,
preparando la certera coz, el casco febril,
relinchan, tantos caballos en el techo de mi casa.

Caballos negros,
y yo sobre el catre honorable del descanso
sintiendo el conjunto de músculos crisparse.

Ni ventanas ni puertas esta tarde,
una sola recámara es mi casa,
un solo baño es mi casa,
una cocina es mi recámara,
una toalla es mi casa,
un salero es mi casa,
y un calor hecho de mayo
es un sudar la cara de mi Señor.

Caballos, caballos negros y blancos en el techo de mi casa,
sucediendo como largos y entramados pensamientos,
la coz de la voz, el casco de esta voz encasquillada,
que dispara en su silencio una metralla de pisadas.


Los árboles de mango se sufren en la caída,
de su fronda a la raíz
está la reyerta de la ley;
la inconsolable mujer llora tendida sobre la tierra
y el pasto está tan cerca
que es lo primero que está distante.


Los caballos no se detienen,
negras y blanquísimas crines,
miro su suelo,
yo estoy debajo,
con el hígado ciruela,
soy mi cirujano,
aquí dame la venda y las tijeras,
una aguja para coser de una vez esta cama a mi espalda.

Caballos, caballos negros y blancos en el techo de mi casa.
Caballos.


(Del libro Laboratorio tropical, Premio Clemencia Isaura 2016, Mazatlán, Sinaloa, México).
Imagen: Guernica, de Pablo Picasso.


lunes, 28 de marzo de 2016

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ Y LA “CHILANGA BANDA”


Dice la Real Academia de la Lengua Española que se “excluyen definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El abecedario del español queda así reducido a […] veintisiete letras.” Me parece que esta regla (arbitraria como muchas de las dictadas por la RAE) busca una mera simplificación, sin embargo, bien visto se asemeja a una mutilación,  ya que la letra ch no puede concebirse como una mera unión de dos letras sino como un fonema que tiene raíces no sólo en la lengua española sino también en la náhuatl (parte medular del español que se habla y escribe en México).
Dos ejemplos de esto que menciono son el soneto escrito por sor Juana Inés de la Cruz conocido como “Soneto con Ch”, y la letra de la canción “Chilanga banda” de Jaime López. Entre los siglos que separan a un poema de otro, permanecen vivos varios elementos que podríamos llamar mexicanos: el tono humorístico y satírico, así como una musicalidad inherente a nuestra lengua. En el soneto de sor Juana leemos “Aunque eres (Teresilla) tan Muchacha,/ le das que hacer al pobre de Camacho,/ porque dará tu disimulo un Chacho,/ a aquel que se pintase más sin Tacha./ De los empleos que tu Amor Despacha,/ anda el triste cargado como un Macho/ y tiene tan crecido ya el Penacho,/ que ya no puede entrar, sino se Agacha./ Estás a hacerle burlas ya tan Ducha,/ y a salir de ellas bien estás tan Hecha,/ que, de lo que tu vientre Desembucha,/ sabes darle a entender, cuando Sospecha,/ que has hecho, por hacer su hacienda Mucha,/ de ajena siembra suya la Cosecha”. Una historia de infidelidad femenina que, gracias al genio de la Jerónima, tiene un final cómico.
Por su lado, “Chilanga banda”, (canción que el grupo Café Tacuba puso nuevamente en circulación en los años 90) alcanza su cumbre taxonómica al identificar, uno por uno, a los diferentes seres sociales que habitan los barrios de la Ciudad de México: “Ya chole changos chilangos/ que chafa chamba te chutas […] mejor yo me hecho una chela/ y chance y enchufo a una chava/ chambiando de chafirete/ me sobra chupe y pachanga./  Pachucos, cholos y chundos/ chichinflas y mala pachas/ acá los chompiras rifan/y bailan tibiri y tábara./ Miñero mata gabacha/ y canta la cucaracha/ su choya vive de chochos/ de chemo churro y garnachas./ Transando de arriba abajo/ ai va la chilanga banda/ chin chin si me la recuerdan/ carcacha y se les retacha”.

Los elementos que nutren tanto el poema de Sor Juana Inés de la cruz como el de Jaime López (la “muchacha”, la “chava”, el “penacho”, la “cucaracha”, la “cosecha”, la “garnacha”) se presentan como dos formas de entender el mundo a través del lenguaje y del uso (insustituible) de la letra ch. En ambas obras podemos leer una compleja cosmovisión barroca mexicana.

Publicado en Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal, suplemento del diario La jornada. Domingo 27 de marzo de 2016.