Follow by Email

sábado, 5 de diciembre de 2015

NOVEDAD: HISTORIA SOLAR


Publicado por El Errante editor, 2015.

sábado, 14 de noviembre de 2015

ALFONSO VALENCIA, UNA FOTOGRAFÍA QUE DURA UN RECUERDO



Alfonso Valencia, nacido en Pachuca, Hidalgo, en 1984, es uno de los escritores jóvenes más destacados de su generación; su escritura se bifurca en varias direcciones que van de la poesía al cuento y del cuento al ensayo. En 2014, Alfonso Valencia publicó El grito circular de la gota que muere en la piel del estanque(Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo), un libro dividido en dos partes: La memoria de los espejos y Cuarto de revelado. Esta segunda parte se subdivide, a la vez, en otras tres partes: Tiempo de exposición, Cuarto de revelado y Exhibición/olvido. Como el lector podrá advertir, Alfonso Valencia encuentra en el proceso de revelado fotográfico la metáfora precisa para mostrarnos la revelación (el revelado) del lenguaje. Su poesía está marcada por elementos sinestésicos en donde la vista y el oído, entre los sentidos más sobresalientes, se mezclan para ofrecer una imagen poética que se reproduce en la cámara silenciosa de nuestra imaginación. Ya el título advierte que estamos frente a un libro que exige atención: El grito circular de la gota que muere en la piel del estanque puede leerse como un instante que se dilata por medio de la palabra, una fotografía que dura un recuerdo. Como en círculos concéntricos, los poemas de Alfonso Valencia van ensanchándose en la piel de una página líquida, parecen alejarse cada vez más de su centro, pero lo hacen sólo para volver, más tarde, al punto del que han emergido, como en el poema que inaugura el libro: “en algún lugar del mundo escucharemos el estruendo del fuego/ sustancias innombrables rondando nuestra memoria/ como si ayer hubiese estado habitada por seres de luz/ ¿para qué volver al silencio de los días sin mundo?/ ¿para qué este galope de lluvia sobre los cristales?/ ¿para qué arrojar contra la corriente los pasos si la memoria también avanza/ hacia adelante?/ ¿para qué/ si el círculo/ punto tras punto/ se aleja a la vez que vuelve?”
       El libro también aprovecha un recurso instaurado por la poesía visual: la página y sus espacios en blanco, el poema emerge desde un discurso que va de lo más condensado posible, como en el verso que reza: “desde allá nacerá la voz”, hasta un tono discursivo en donde el lenguaje inicia la ostentación de sus motivos más íntimos y emotivos. Los temas que alimentan este poemario son el tiempo y la memoria; los elementos representados por el incendio, la tormenta, el vendaval y la última morada de los muertos; y quizá el tema más importante, el lenguaje: la palabra que ilumina u oscurece, según la carga de sentido que el poeta deje fluir por sus signos. En este libro, los recuerdos se forman y deforman, a semejanza de la superficie de un estanque lleno de agua alterado por la caída de una gota que emite un grito que nos conmueve: el de la poesía 

Tomado de BITÁCORA BIFRONTE, mi columna en La jornada semanal.

domingo, 1 de noviembre de 2015

LITERATURA LIKE. UN MANIFIESTO.


La literatura like y la fama

"¿Quién se burla de la fama, cuando todo el mundo la desea?”, nos dice el poeta John Hudgins a propósito de esa necesidad imperante en cada individuo que lo empuja a buscar el reconocimiento y la aprobación de los otros. Este deseo de fama encuentra en la dinámica de las redes sociales el cauce perfecto para crecer y desbordarse como una inundación mediática sin precedentes. Hace unas semanas, Twitter sustituyó la acción “favorito” por el “me gusta” para marcar las publicaciones que a los usuarios les parecen más relevantes. Aclaro que el “me gusta” (like en inglés) es uno de los iconos más representativos de Facebook, que ha modificado la forma en la que nos relacionamos como sociedad. Mientras Twitter vio nacer la llamada “tuiteratura” (flashazos encorsetados en ciento cuarenta caracteres, cercanos en forma al aforismo pero distantes de éste por la profundidad reflexiva que logra en comparación con el “tuit”), Facebook se ha convertido en la cuna de una “literatura like", una forma de escritura que, al no tener un límite de extensión y apoyarse en imágenes, se difunde con el objetivo de ganar likes. Esta “literatura” puede resumirse, a manera de manifiesto, en los siguientes puntos: 1. A la literatura like no le importa la literatura sino el like, 2. La literatura like no tiene lectores, tiene admiradores, 3. La literatura like es la fotografía de su autor y, por último, 4. El like es el futuro de la literatura like. Sus autores persiguen los “quince minutos de fama” expulsando contenidos que no asimilan en espera de que alguien los elogie antes de comprenderlos.
Es cierto que hay una democratización de los medios en los que se puede difundir una obra, una idea o un puñado de frases; sin embargo, ahora los “lectores” son estadísticas que se miden en likes o en seguidores; los costos de esta “nueva democracia” son la banalización del ejercicio literario, la pereza intelectual, la modificación de las funciones de la memoria, la imagen como sustituto de la palabra, la abolición de la ortografía, la imposibilidad de leer (y escribir) textos extensos que exijan de los lectores atención y una postura crítica. En pocas palabras, el lector y el escritor están mutando.
Estamos frente a un cambio de sensibilidad (nacida de una nueva tecnología), como lo apunta Nicholas Carr en su libro ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales. El medio, dice Carr, no se circunscribe a ser una simple herramienta sino que modifica profundamente la manera en la que pensamos como civilización. Deberíamos preguntarnos: ¿se avecina un cataclismo cultural o es sólo un escalón más en la historia? ¿Ascendemos o descendemos? Por el momento, la fama y el like van unidos por el deseo de exhibición y aplauso, aunque muchas veces los lectores no lean y los escritores ya no escriban •

Tomado de mi columna Bitácora bifronte en La jornada semanal del diario La jornada.

viernes, 21 de agosto de 2015

WIKIPEDIA: MENOS LECTORES, MÁS ESCRIBAS

Podría pensarse que internet es la realización virtual que imaginó Borges en uno de sus más famosos cuentos, “La biblioteca de Babel”:  “Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera.” Sin embargo, conforme pasan los años y una legión de cibernautas da forma a ese universo virtual, internet ha pasado de ser una fuente inagotable de información y conocimiento confiable, a un espacio de caos y confusión en el que se da un fenómeno parecido al que se suscita en el cuento de Julio Cortázar, “Fin del mundo del fin”, en donde los lectores comienzan a extinguirse para dar paso a los escribas, quienes escriben sobre lo ya escrito, muchas veces deformándolo, enriqueciéndolo, corrigiéndolo, colmándolo de erratas o cambiando totalmente su sentido: “Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas.”
Las veinticuatro horas del día se está “escribiendo y reescribiendo” nuestro mundo, los lectores son muy pocos en comparación con los infinitos escribas que saturan internet desde todas las opciones posibles: redes sociales, blogs o páginas web. Cada vez más, se pone en duda la veracidad de los contenidos encontrados en la red, el ejercicio delcopy-paste y la paráfrasis de éste se convierten peligrosamente en “interpretaciones” apresuradas, en nuevas versiones de la realidad. Como ejemplo,Wikipedia, en donde cada artículo es cargado de información (verídica o falsa) vertida por una “colectividad” de autores que se escudan en el anonimato y cuya información se reproduce, al infinito, con sus respectivas mutaciones de contenido y forma. ¿Quiénes consultan Wikipedia? Millones de personas que, por pereza o ignorancia, no buscan aprender sino tener acceso a información de manera rápida, aunque terminen por sacrificar años o siglos de investigación. “Wikipedia la hacemos todos”, podrían responder los defensores de este servicio, pero ni somos todos ni quienes la administran o fungen como voluntarios son especialistas en los temas que se abordan, y existe un infinito número de errores en sus artículos que, aunque fuesen corregidos, ya han sido reproducidos una y otra vez en otros sitios de la red e incluso publicados de manera impresa.
Tanto Borges como Cortázar imaginaron universos bibliográficos físicos; sin embargo, la proyección virtual de sus imaginarios se ha convertido en una incontrolable ola de datos que amenaza con cambiar la forma en la que percibimos y traducimos al mundo, pues es innegable que a cada minuto hay más escribas que lectores, más gente hablando que tratando de escuchar.


Tomado de Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal  del diario La jornada.

viernes, 31 de julio de 2015

ACUARELA

LE DICEN MANCHA. YO LE DIGO CONTINENTE:

jueves, 23 de julio de 2015

UNA FOTOGRAFÍA


Hace algunos años en la Ciudad de México, con Andrea, Enrique Bunbury, (yo) y Bere.

jueves, 2 de julio de 2015

Notas para una posible traducción de un poema de Ernest Hemingway


La traducción literaria siempre ha sido una actividad polémica porque no ofrece una respuesta definitiva a la pregunta: “¿se puede traducir un texto literario?”  Ezra Pound decía que de las tres cualidades de un poema, la melopea (su carácter musical) es imposible de traducir o trasladar de una lengua a otra. La fanopea (“proyección de imágenes sobre la imaginación visual”) puede ser traducida “casi, o completamente, intacta”, y  cuando es lo bastante sólida ni siquiera el traductor puede destruirla. La logopea: “no se puede traducir; aunque la actitud mental que expresa puede pasar de un idioma a otro mediante la paráfrasis”. Esta breve, pero esclarecedora lección, hace más sencillo comprender qué regiones de la poesía podemos traducir; sin embargo, hay casos en los que el traductor se encuentra frente a un verdadero desafío, como en “[Blank verse]” de Ernest Hemingway.
Poema de juventud, “[Blank verse]” fue publicado en 1916 y juega con el término “verso blanco” (aquel que conserva una métrica regular y que prescinde de la rima, en la poesía escrita en inglés casi siempre es un pentámetro yámbico). Aunque estamos frente a una boutade, no me parece ocioso intentar una traducción, ya que el texto no sólo es una rareza en la producción poética de Hemingway (quien publicó más de ochenta poemas), sino que irrumpe como una obra vanguardista, fiel a una voluntad de ruptura y provocación. El poema es un conjunto de ausencias contenidas por signos de puntuación en donde, curiosamente, no hay punto final:
[Blank verse]
         “                           “
                   !         :              ,           .
                   ,         ,            ,           .
                 ,           ;                         !
                      ,
Una posible traducción al español, “[Verso blanco]”, dejaría intacto al poema, agregando, por medio de una actitud casi adivinatoria, los signos de admiración que se utilizan en nuestro idioma al inicio de cada exclamación. Siguiendo los principios planteados por Pound, la traducción de “[Blank verse]” implicaría trasladar el silencio (y su exaltación) de una lengua a otra (melopea), la imagen de ausencia y vacío (fanopea), y el ánimo transgresor (logopea) contra una forma poética tradicional usada por poetas como Milton, Shakespeare, o Donne, entre muchos otros.
En este peculiar poema (probable trampa para los críticos e interminable juego de especulaciones para los lectores), Hemingway hace que las palabras desaparezcan y “blanquea” la página, suprime la musicalidad y hace evidentes los signos de puntuación: vestigios de un poema que no se puede leer pero que, en un esfuerzo exegético, sí se puede comprender.

Tomado de Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal del diario La jornada.

sábado, 30 de mayo de 2015

Banana Yoshimoto y dos canciones de Los Beatles



En su magnífica primera novela, Kitchen, la escritora japonesa Banana Yoshimoto (Tokio, 1964) redacta una dedicatoria a manera de epílogo en donde expresa lo siguiente: “Hace tiempo que escribo porque hay una cosa, solamente una, que quiero decir. Me gustaría seguir escribiendo, sea como sea, hasta que me canse de repetirla. Este libro es el principio de esa historia obstinada”.  Un lector atento a la obra de la joven y célebre Yoshimoto podrá identificar que esa “cosa”, ese tema de amplio espectro, es la vida más allá de la muerte que se manifiesta en esta orilla del tiempo. La declaración de Yoshimoto me recuerda que la obra de un verdadero artista casi siempre está signada por un puñado de preocupaciones temáticas que se expresan en diferentes niveles estéticos a lo largo de una vida.


La dedicatoria me remite a un par de canciones de Los Beatles:  “There’s a Place” (“Hay un lugar”) y “The Inner Ligtht” (“La luz interior”). La primera fue compuesta por John Lennon y Paul McCartney en 1963, y la segunda por George Harrison en 1968. Si atendemos a la letra de cada una nos damos cuenta que estamos frente al mismo fenómeno al que alude Yoshimoto: una obsesión temática que, en el caso de Los Beatles, corresponde al llamado “viaje interior”. En “Hay un lugar” podemos escuchar: “Hay un lugar,/ al que puedo ir/ cuando estoy deprimido/ cuando estoy triste;/ y es mi mente/ y ahí no hay tiempo/ cuando estoy solo.” Casi cinco años después y con una clara evolución formal y espiritual, en “La luz interior”, cuya estructura sonora hace evidente el crecimiento musical de los genios de Liverpool (en donde se incluyen cítaras e instrumentos orientales), leemos: “Sin salir fuera de mi puerta/ puedo conocer todas las cosas de la tierra./ Sin mirar afuera de mi ventana/ podría conocer los caminos del cielo.” Aunque la primera canción invita a la introspección para ponerse a salvo del mundo y del desamor (“Pienso en ti/ y las cosas que haces/ dan vueltas alrededor de mi cabeza,/ las cosas que dijiste/ como ‘te amo’); la segunda, “La luz interior”, ofrece una visión mucho más amplia y llena de certeza, la iluminación a la que se llega una vez que se descubre el poder de la mente: “Llega sin viajar/ mira todo sin mirar/ hazlo todo sin hacer.” El hallazgo fue el mismo pero los caminos distintos; los diferentes “viajes” que Los Beatles realizaron a través de las drogas o la meditación trascendental confluyeron en el mismo punto: un retorno al ser, el individuo que busca en sí mismo lo que afuera, muchas veces, no encuentra.
El arte, expresado en cada obra que ve la luz en este mundo, es una forma de repetir ese movimiento interno una y otra vez, ya sea desde la escritura, la música, la danza o la pintura y que nos hace vislumbrar aquello que no podíamos ver antes de iniciar nuestro camino.


Tomado de mi columna BITÁCORA BIFRONTE, en La jornada semanal del diario La jornada.

martes, 5 de mayo de 2015

UNA RESEÑA (DEL LIBRO CANÍBAL, DE JULIÁN HERBERT) A MANERA DE EPIGRAMA




Leí tu libro, Julián:
no fue mi poesía la que mordiste
sino tu lengua,
caníbal chimuelo.

viernes, 23 de enero de 2015

Indio borrado, de Luis Felipe Lomelí: una épica moderna



La violencia no es algo nuevo en nuestra historia, ni como asunto social ni como tema literario. Sus orígenes no parecen hallarse en una desviación moral o ética de las sociedades, provienen de otra fuente más antigua: la sobrevivencia. Indio borrado (Tusquets, 2014), del escritor mexicano Luis Felipe Lomelí, aborda, magistralmente, el tema desde varios ángulos a partir de una geografía específica: la ciudad de Monterrey, Nuevo León. La novela, en la que el Güero, un personaje adolescente (casi un niño) encuentra, forzado por las circunstancias en las que vive, la madurez (cruel y terrible) a través de un rito de iniciación cuyos cimientos son los de la violencia desmesurada de un México que ya no se reconoce en paz ni siquiera en la imaginación artística: “El Güero no podría decir a qué huele su padre pero sabe que es el olor de su padre. El único. Y siente como si le dieran con un tubo en la base de la nuca y le fueran apretando los brazos con alambre, cada vez más fuerte, haciéndole saltar las venas, hundiéndose en la piel quemada por el sol luego de dos semanas de jale en la obra para recibir el primer sueldo de su vida. A los trece años.”
Lomelí, en Indio borrado, describe las acciones de un personaje entrañable, bien definido, narra una historia en la que la tensión se acumula a cada momento, ofreciendo a sus lectores una obra que (apuesto por su permanencia) será imprescindible en la reciente literatura hispanoamericana. Los registros literarios que alcanza Luis Felipe Lomelí se nutren de una conciencia que le permite extraer del lenguaje coloquial propiedades altamente poéticas, encontrar la musicalidad que se canta en el barrio, entre la banda, en medio de la balacera, en la interpretación de los códigos de guerra asumidos por los “nuevos ejércitos”.  Esta es una novela que se lee con fluidez, que corre como la sangre de una herida: roja, violenta, sagrada, como el mismo amor adolescente: “Respingas. Sientes un carnaval de insectos haciendo su desfile por tu cuerpo, por las arterias los carros alegóricos y el bailódromo justo en el pecho. Te sudan las manos. Y te pones colorado.”
En Indio borrado, el Tiempo, ese asesino de la Historia, que borra con una mano lo que construye con la otra, se presenta de muchas maneras: el ancestral pasado que es habitado por los muertos que vigilan (desde su mundo) a los vivos, el presente desbocado que reta a la muerte a cada instante, y el futuro como una nube gris, en donde la esperanza apenas se atisba:  “Matar –le dicen sus fantasmas–. Matamos al oso y al venado, a la serpiente, matamos para proteger a nuestros hijos y darles su alimento, matamos para no caer de hambre. Matamos de cerca, con el puño limpio, con el mazo y con la lanza. Matar.”
Luis Felipe Lomelí ha logrado, con Indio borrado, un acercamiento brutal a la médula de una sociedad que trata de adaptarse para no morir, una épica moderna que reconoce sus orígenes y que da muestra de las virtudes de un prodigioso escritor.


Tomado de Bitácora bifronte, mi columna en La jornada semanal