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viernes, 6 de noviembre de 2009

LA MANGA DEL MANCO- Javier García Galiano


La idea de un escritor manco es más terrible de lo que parece. Más terrible aún si se trata de Miguel de Cervantes. Imaginarlo tratando de sostener el papel con el muñón para escribir resulta más penoso que escabroso. Afortunadamente, el soldado Cervantes no era un manco completo. Él, o un homónimo suyo, estaba condenado a perder la mano derecha mediante la amputación pública, además de diez años de exilio, menos por haber herido a Antonio de Segura en Madrid, que por sacar algún arma blanca en las inmediaciones de Palacio Real.
Imposible saber si fue ese incidente que llevó a Cervantes a Italia, desde donde salió a acorralar infieles en Lepanto. El día de la batalla, 7 de octubre de 1571, estaba enfermo y afiebrado, pero se negó a seguir la recomendación de quedarse en la bodega del barco durante la batalla, prefiriendo arriesgarse por Dios y por su Rey. Entre los 21,000 españoles que resultaron heridos, estaba Cervantes. Tenía dos heridas de fuego en el pecho y otra más en la mano izquierda, que no perdió, pero le quedó como un adorno inútil. Más que la escritura del Quijote, quizá ese fue el momento más glorioso de su desgraciada vida. (…)


Fragmento tomado del texto del mismo título aparecido en la revista Graffiti (cómo se extraña ta buena revista), Número 15, Enero-febrero de 1994, dirigida por José Homero.

3 comentarios:

Ludwig_AEO dijo...

¡Valla! Creo que al menos, varios, quisieramos una desgracia como esa jejej... bien dicen que si se hunde algo, otro algo flota (o era algo así jejej)...

Interesante texto. No he tenido la oportunidad de hojear la revista (por aquí me parece que no la he visto :(...

Después de algun tiempo sin poder pasarme por aquí nuevamente estoy de vuelta :D... tngo mucho que leer jejej...

Un gran saludo Poeta, amigo. Un cordial abrazo.






... Ludwig AEO ...

Anónimo dijo...

guau hasta que alguien cómo vos se acuerda de tan grandiosa revista, ufff excelente magazine.

Jair Cortés dijo...

Saludos Ludwig!
Y sí, grandiosa revista!