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jueves, 17 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: CONTRA LA ORTOGRAFÍA




Escribir en el presente



Para Amado Manuel Cortés


Hace más de una década Gabriel García Márquez se pronunciaba a favor de la abolición de la ortografía. Su propuesta, recibida por muchos como un embate de senilidad de un genio, ahora ha tomado una seriedad total ante los cambios radicales que la escritura experimenta en el contexto de internet. Es muy probable que dichos cambios no se hayan visto desde la aparición de la imprenta en la segunda mitad del siglo XV, cuando la invención de Gutenberg generaba nuevas formas de conservación del conocimiento, dándole a nuestra cultura su objeto más representativo: el libro. Actualmente, basta navegar por los blogs, las páginas web, los foros de discusión y las redes sociales para comprender que la brevedad es una característica indispensable de la escritura que busca, por sobre todas las cosas, cumplir su función primaria: comunicar. Esta brevedad implica, muchas veces, la supresión de toda regla ortográfica y sintáctica. Los correos electrónicos, los mensajes enviados por twitter o desde un teléfono celular, contrastan abiertamente con las extensas cartas que todavía hacia finales del siglo pasado circulaban de manera cotidiana. Ahora la escritura puede ser emitida desde cualquier computadora y el número de lectores se multiplica exponencialmente según la repercusión del texto; el canon literario se estremece frente a semejante circunstancia: todos los que tengan acceso a internet tienen la posibilidad no sólo de escribir sino también de publicar.
Pero más allá del asombro que generan las nuevas tecnologías, de las posturas fatalistas que vaticinan la desaparición del libro, y de un puritanismo estéril que se niega a aceptar los procesos evolutivos de la lengua, no debemos olvidar que internet no es democrático, y no lo será mientras las condiciones sociales sigan la misma tendencia de desigualdad y rezago. Un cambio de era no es tajante para todos los grupos que conforman una sociedad; en México, por ejemplo, conviven diferentes tiempos y geografías: exclusivos complejos residenciales en oposición a comunidades marginadas o pueblos olvidados a su suerte. Ser testigos del surgimiento de internet supone mirar la punta del iceberg del “progreso”, pero al mismo tiempo exige ser conscientes del basamento que sostiene al poder desde la manipulación que conllevan los medios electrónicos y de comunicación. Alessandro Baricco en su libro Los bárbaros, cuestionaba lo sucedido con “las toneladas de cultura oral, irracional, esotérica” que habían quedado fuera del concepto supremo llamado “libro”, y sentenciaba de manera brutal: “Lo que está en la red, por muy grande que sea la red, no es el saber. O, por lo menos, no es todo el saber. […] Pese a todo, no hemos llorado mucho por ello, y nos hemos acostumbrado a este principio: la imprenta, como la red, no es un inocente receptáculo que cobija el saber, sino una fórmula que modifica el saber a su propia imagen.”


Tomado de BITÁCORA BIFRONTE (17 de abril de 2011), mi columna en La jornada semanal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Publica esto un 17 de abril, pero de 2011... Como para creer en las en las coincidencias...

Jair Cortés dijo...

Exacto, como para creer... Un abrazo.