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domingo, 1 de noviembre de 2015

LITERATURA LIKE. UN MANIFIESTO.


La literatura like y la fama

"¿Quién se burla de la fama, cuando todo el mundo la desea?”, nos dice el poeta John Hudgins a propósito de esa necesidad imperante en cada individuo que lo empuja a buscar el reconocimiento y la aprobación de los otros. Este deseo de fama encuentra en la dinámica de las redes sociales el cauce perfecto para crecer y desbordarse como una inundación mediática sin precedentes. Hace unas semanas, Twitter sustituyó la acción “favorito” por el “me gusta” para marcar las publicaciones que a los usuarios les parecen más relevantes. Aclaro que el “me gusta” (like en inglés) es uno de los iconos más representativos de Facebook, que ha modificado la forma en la que nos relacionamos como sociedad. Mientras Twitter vio nacer la llamada “tuiteratura” (flashazos encorsetados en ciento cuarenta caracteres, cercanos en forma al aforismo pero distantes de éste por la profundidad reflexiva que logra en comparación con el “tuit”), Facebook se ha convertido en la cuna de una “literatura like", una forma de escritura que, al no tener un límite de extensión y apoyarse en imágenes, se difunde con el objetivo de ganar likes. Esta “literatura” puede resumirse, a manera de manifiesto, en los siguientes puntos: 1. A la literatura like no le importa la literatura sino el like, 2. La literatura like no tiene lectores, tiene admiradores, 3. La literatura like es la fotografía de su autor y, por último, 4. El like es el futuro de la literatura like. Sus autores persiguen los “quince minutos de fama” expulsando contenidos que no asimilan en espera de que alguien los elogie antes de comprenderlos.
Es cierto que hay una democratización de los medios en los que se puede difundir una obra, una idea o un puñado de frases; sin embargo, ahora los “lectores” son estadísticas que se miden en likes o en seguidores; los costos de esta “nueva democracia” son la banalización del ejercicio literario, la pereza intelectual, la modificación de las funciones de la memoria, la imagen como sustituto de la palabra, la abolición de la ortografía, la imposibilidad de leer (y escribir) textos extensos que exijan de los lectores atención y una postura crítica. En pocas palabras, el lector y el escritor están mutando.
Estamos frente a un cambio de sensibilidad (nacida de una nueva tecnología), como lo apunta Nicholas Carr en su libro ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales. El medio, dice Carr, no se circunscribe a ser una simple herramienta sino que modifica profundamente la manera en la que pensamos como civilización. Deberíamos preguntarnos: ¿se avecina un cataclismo cultural o es sólo un escalón más en la historia? ¿Ascendemos o descendemos? Por el momento, la fama y el like van unidos por el deseo de exhibición y aplauso, aunque muchas veces los lectores no lean y los escritores ya no escriban •

Tomado de mi columna Bitácora bifronte en La jornada semanal del diario La jornada.

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