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martes, 17 de mayo de 2016

CABALLOS NEGROS





Caballos, caballos negros en el techo de mi casa,
preparando la certera coz, el casco febril,
relinchan, tantos caballos en el techo de mi casa.

Caballos negros,
y yo sobre el catre honorable del descanso
sintiendo el conjunto de músculos crisparse.

Ni ventanas ni puertas esta tarde,
una sola recámara es mi casa,
un solo baño es mi casa,
una cocina es mi recámara,
una toalla es mi casa,
un salero es mi casa,
y un calor hecho de mayo
es un sudar la cara de mi Señor.

Caballos, caballos negros y blancos en el techo de mi casa,
sucediendo como largos y entramados pensamientos,
la coz de la voz, el casco de esta voz encasquillada,
que dispara en su silencio una metralla de pisadas.


Los árboles de mango se sufren en la caída,
de su fronda a la raíz
está la reyerta de la ley;
la inconsolable mujer llora tendida sobre la tierra
y el pasto está tan cerca
que es lo primero que está distante.


Los caballos no se detienen,
negras y blanquísimas crines,
miro su suelo,
yo estoy debajo,
con el hígado ciruela,
soy mi cirujano,
aquí dame la venda y las tijeras,
una aguja para coser de una vez esta cama a mi espalda.

Caballos, caballos negros y blancos en el techo de mi casa.
Caballos.


(Del libro Laboratorio tropical, Premio Clemencia Isaura 2016, Mazatlán, Sinaloa, México).
Imagen: Guernica, de Pablo Picasso.


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