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miércoles, 9 de septiembre de 2009

RECORTE PRESUPUESTAL PARA CULTURA




Mi amigo Carlos Villaseñor me envía esta alarmante información:



Estimad@s amig@s y coleg@s de la promoción cultural:

Amanecemos conociendo la baja del presupuesto para las instituciones del sector cultura, que alcanza en promedio el -27%, respecto del presupuesto autorizado en el 2009.

En el proyecto de presupuesto 2010, se proponen bajas en el IMCINE de -46% y en el CNCA del -38%, como las más importantes. El total de la reducción al sector cultura alcanza los 3,100 millones de pesos.

Es oportuno precisar que las actividades del Sector Cultura no se agotan con la promoción o el financiamiento de las expresiones artísticas, como se ha comentado recientemenet en la prensa.

Están también la investigación, el rescate, la conservación y difusión del patrimonio cultural; el fomento a la lectura; la difusión que se realiza a través del Canal 22 y de Radio Educación; la formación que se imparte en las escuelas del INAH, INBA y el CNART; la promoción de la diversidad cultural, y muchas otras que no es el momento de desglosar.

La baja de recursos que ha sido planteada en el proyecto de PEF 2010, obliga a la Cámara de Diputados a revisar y reformular el sentido del gasto, para priorizar aquellas actividades que sean centrales para conservar y darle continuidad a nuestra identidad nacional, a nuestra singular visión del mundo.

Esa necesidad se refuerza a partir del hecho de que recientemente se han aprobado reformas Constitucionales que garantizan el derecho de acceso a la cultura.

La concurrencia de ambas circunstancias, es una valiosa oportunidad para establecer los mecanismos que generen entornos legales y administrativos que alienten el pleno ejercicio de la cultura y el desarrollo cultural de los Mexicanos, y su vinculación con el desarrollo integral del país.

Por otra parte, se requiere que los Legislativos Federal y Locales, con la corresponsabilidad de los actores culturales del país, profundicen en las posibilidades que pueden existir para generar mecanismos de apoyo y de estímulo fiscal que empoderen a los emprendimientos culturales.

Que ayuden al sector cultural a integrar propuestas viables para enlazar cadenas productivas, para acceder a capacitación legal, financiera y comercial; para acceder a créditos para la inversión, a canales de distribución y exportación.

Todo ello favorecería las oportunidades para que muchos creadores, intérpretes y gestores culturales pudieran llegar a sus públicos y generar los recursos que les son necesarios. Además, se potenciaría un sector que, según ha demostrado Ernesto Piedras, en su estudio sobre las industrias relacionadas con el derecho de autor, genera un 6.7% del PIB Nacional.

Recientemente ha sido señalado que los Museos y las Zonas Arqueológicas del país reciben más de 17 millones de visitantes al año. Son sus características culturales las que promueven ese flujo de público y eso es algo que debe establecerse como prioridad en el diseño de cualquier política que busque actualizar su potencial para el desarrollo.

Sin demérito de lo anterior, es evidente que el público asistente demanda servicios complementarios de la más alta calidad, que pueden generar empleo y circulación económica. Accesos cómodos, transporte digno, áreas de alimentos limpias y saludables, baños en perfecto estado, tiendas de objetos utilitarios y de productos culturales que den cuenta de la amplia creatividad mexicana, información accesible y que efectivamente oriente la visita, diseño de rutas que enlacen la oferta cultural e incrementen la duración de la visita, desarrollos de hospedaje que sea respetuoso de los valores culturales que son la causa de la visita.

La cultura y el desarrollo pueden ser perfectamente armonizados, a condición de garantizar la viabilidad y continuidad de los valores que son la primera causa de sus potencialidades.

Desde luego, hay que hacer una clara distinción entre el análisis de la utilidad de un destino concreto de gasto público, y la pertinencia genérica de que un país invierta en cultura, a través de su gobierno y --por qué no mencionarlo-- de su iniciativa privada.

Lo primero es problematizable, lo segundo es una duda a la que no debemos permitir su crecimiento, porque al momento en que dejemos de considerar importante promover la continuidad de lo que somos y seguir fortaleciendo nuestra identidad para dialogar con el mundo, desde lo propio, estaremos negando las bases de nuestra cohesión social y las posibilidades de ponernos de acuerdo para definir y desarrollar un proyecto de Nación.

Reciban un saludo afectuoso

Carlos J. Villaseñor Anaya

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